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21 días sin Instagram: lo que he aprendido

Esta entrada probablemente sea la más personal que haya escrito nunca en Internet Surface. Y por eso ni siquiera sé cómo empezarla ni qué voy a contar exactamente. Estoy improvisando con el teclado, porque no hay guión que valga para contaros esta historia.

Soy usuario de Instagram desde 2014, y en enero de este año decidí irme durante un tiempo de esta red social. Una necesidad personal, pero también un experimento interesante. Tres semanas después volví a abrirme la cuenta, pero con las ideas muy claras. Y eso es lo que os quiero contar hoy: qué es realmente Instagram y cómo ha cambiado nuestras vidas.

¿Qué es Instagram?

« Instagram es una forma sencilla de capturar y compartir los mejores momentos del mundo. Sigue a tus amigos y familiares para ver qué están haciendo y descubre cuentas de todo el mundo que comparten cosas que te gustan. Únete a nuestra comunidad de más de 500 millones de personas y exprésate compartiendo todos los instantes de tu día, tanto los momentos destacados como lo que sucede entremedias. »

InstagramAsí se define Instagram en el App Store. Es la red social más popular a día de hoy, y continuamente está actualizándose para ofrecer más funcionalidades y llegar a más público. Nació en 2010 como una plataforma en la que poder compartir imágenes cuadradas y retocadas previamente con un filtro (muchos usaban antes esta app para edición de fotografía más que como red social) y recibir “likes” y comentarios de nuestros seguidores. Los usuarios compartían fotos con sus seguidores y veían las fotos de sus seguidos, ordenadas cronológicamente una detrás de otra.

En sus inicios era una red social para gente interesada en la fotografía, con cierto matiz retro, y en la que se buscaba compartir imágenes centradas en lo que nos rodeaba, no en nosotros mismos. Poco a poco fue empezando a ganarse a todos los públicos, que vieron en ella la posibilidad de mostrarse al mundo de la misma forma que lo haría cualquier personaje famoso.

No hace falta que os cuente el éxito que ha tenido esta aplicación, y a día de hoy ya se ha llegado a los 800 millones de usuarios. Según iba creciendo, y especialmente a partir de su compra por parte de Facebook, sus desarrolladores fueron incorporando más funcionalidades, como los mensajes directos, los vídeos en directo o las polémicas historias tipo Snapchat.

Lo que de verdad es Instagram…

Este crecimiento tan masivo no fue algo casual, y lo que empezó siendo la galería de fotos de los hipsters se acabó convirtiendo en nuestra imagen pública más preciada, el lugar en el que tenemos que demostrar lo felices que somos y lo felices que hacemos a todos aquellos que nos rodean. Es la competición para ver quién tiene más éxito en la vida, quién se lo pasa mejor, quién es más feliz.

Sin darme cuenta, yo también entré en ese juego. Todos los usuarios entramos, no hay duda. Es algo inconsciente, más cuando todos tus amigos, toda la gente que conoces y que sigues en Instagram hacen exactamente lo mismo. La necesidad de compartirlo todo te acaba poseyendo sin que te des cuenta, y esa competitividad que hay en cada foto que subimos acaba desbordándote.

Historia Instagram
La necesidad de compartirlo todo en Instagram

Cuando tu vida es perfecta y eres la persona más feliz del mundo probablemente esto no te importe. Entras en Instagram y disfrutas viendo como toda la gente a la que sigues también es feliz. Pero cuando no pasas un buen momento, hay veces que entras en Instagram y acabas con ganas de llorar. Parece que toda la gente a la que sigues es más feliz que tú, que la vida le va mejor. Te preguntas qué haces en tu casa delante de la pantalla del móvil cuando podías estar de viaje en Roma, comiendo en el mejor restaurante de tu ciudad, de fiesta todos los días.

Algo parecido me pasó a mí. No estaba pasando una época especialmente buena, y una noche me di cuenta de que cada vez que entraba en Instagram, algo que hacía varias veces al día, me entristecía porque sentía que todo el mundo era feliz que yo y llevaba una vida de película. Así que tomé la decisión de marcharme de la red social durante un tiempo, el que yo considerase oportuno. Desactivé mi cuenta y desinstalé la aplicación. Y así empezó la aventura.

La vida sin Instagram

Al principio es rara, no lo voy a negar. Muy rara. Cuando te acostumbras a entrar con frecuencia a esta app para saber qué está haciendo la gente que conoces (algunos más, otros menos, no nos vamos a engañar), sientes cierto “mono“, primer signo alarmante. Y es que abrir Instagram y empezar a deslizar la pantalla hacia abajo es todo un ritual, que podemos llegar a interiorizar hasta un punto realmente preocupante.

Entrar en Instagram es una rutina muy adictiva

Según pasan los días sientes una cierta sensación de desconexión con el mundo, que por una parte me generaba cierta inquietud, pero por otra me resultaba agradable. En mi caso, la primera semana sin Instagram me coincidió que no tenía clase y acababa de terminar exámenes, por lo que también aproveché para desconectar del mundo y dedicarme tiempo a mí mismo, algo que os recomiendo hacer a todos de vez en cuando.

Igual de extraño se hace el no sacar el móvil cada poco para subir una historia. Aunque yo no las usase demasiado, es cierto que mucha gente tiene una obsesión en documentar cada segundo de su vida, y compartir cada plato que come, cada outfit, cada cosa que hace. Parece que si no subimos a nuestra historia lo que estamos haciendo en cada momento, deja de ser útil y productivo. Es triste decir esto, pero puede que a veces nos preocupemos más de que nuestros seguidores disfruten que de disfrutar nosotros. Es el llamado “postureo“, algo sobre lo que pude reflexionar mucho durante esas semanas.

« Parece que si no subimos a nuestra historia lo que estamos haciendo en cada momento, deja de ser útil y productivo. Puede que a veces nos preocupemos más de que nuestros seguidores disfruten que de disfrutar nosotros. »

No eché tanto de menos subir fotos a mi perfil, porque rara vez subo más de una o dos por mes, pero aún así me sentí incómodo por no poder compartir alguna fotografía bonita que hice durante esos días.

La vuelta a la “normalidad”

Al final, acabé abriéndome Instagram 21 días después por varias razones. Pero la principal fue que había entendido muchas cosas sobre esta red social, y ya estaba preparado para volver con una nueva mentalidad.

Quizás la lección más valiosa fue entender que en Instagram no todo es lo que parece. Todos intentamos mostrar nuestro lado feliz, sin que muchas veces exista. En Instagram no enseñamos lo que queremos, sino lo que quieren nuestros seguidores. La imagen que comparten la mayoría de los instagramers es tan bonita como falsa, y eso puede causarnos infelicidad. A los que la vemos y a los que la compartimos.

También me he dado cuenta de la obsesión que tenemos en general, como sociedad, de compartir todo lo que hacemos con el mundo, de documentar nuestra vida. Preferimos que otros disfruten de lo que hacemos por nosotros. Muchas veces la gente sube historias de momentos en los que realmente no lo está pasando tan bien, pero quiere aparentar delante de sus seguidores que se está divirtiendo mucho.

¿Realmente va a estar más rica esa tarta si no le haces una foto para tu historia? ¿Realmente te lo vas a pasar mejor de excursión si lo subes a Instagram? ¿Vas a ponerte más en forma si cada vez que vas al gimnasio se lo haces saber a todo el mundo? El “postureo” es realmente competitivo, y muchas veces es engañoso. A veces dejas de disfrutar plenamente de algo solo por querer enseñárselo a tus seguidores.

¿Estás disfrutando de verdad del mundo que te rodea?

Pueden parecer reflexiones evidentes, pero no te las planteas realmente hasta que dejas de usar Instagram durante un tiempo. Un tiempo en el que aunque al principio se te haga raro, te acabas acostumbrando a no ponerte a entrar cada vez que te aburres, o a no sentir ninguna necesidad de compartir con el mundo tu felicidad, que al fin y al cabo es solamente tuya. Y quizás aprendes también a disfrutar un poquito más de la vida, a ser feliz sin preocuparte de lo que haga el resto con su vida.

Una experiencia recomendable

No me arrepiento en absoluto de lo que hice. Fueron tres semanas de tranquilidad, de pensar mucho en qué es realmente Instagram, cómo influye en nuestras vidas. Pero también tiempo de pensar más en mí mismo y menos en el resto de gente, personas que en muchos casos ni siquiera conoces realmente. ¿Qué más dará lo que hagan los demás con su vida? Vive y deja vivir, vive y sé feliz.

Al final acabé volviendo a Instagram

Al final acabé reinstalando la aplicación y reactivando mi cuenta, algo de lo que tampoco me arrepiento. Además, cuando abres de nuevo tu perfil todo sigue igual: tus fotos, tus seguidores, etc. Me gusta mucho Instagram, no lo voy a negar, pero ahora entiendo que no todo es lo que parece, y que muchas veces la supuesta felicidad que comparte todo el mundo es más frágil de lo que parece.

Echando la vista atrás, soy consciente de que ahora entro mucho menos en la aplicación, y tampoco subo historias con tanta frecuencia. Sigo llevando la misma vida que antes, igual de interesante o aburrida, según como se mire, pero ahora decido compartir solamente aquello que me apetezca a mí, y no a mis seguidores, a quienes no tengo que demostrarles nada.

Ya va siendo hora de terminar esta entrada, así que os invito a que reflexionéis sobre esto, especialmente los que usáis muy a menudo Instagram, y que si os ha parecido interesante la compartáis. Asimismo, os recuerdo que debajo podéis comentarme vuestras opiniones, y si alguien ha hecho esto ya pues que nos cuente sus impresiones.

2 comentarios

    • Hola Miguel. Antes de nada decirte que lo de “cretino” te lo podrías haber ahorrado. Insultar a alguien que en ningún momento te ha faltado al respeto demuestra muy poca educación.

      Ignorando esto, no estoy de acuerdo con tu afirmación. Instagram tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo en la vida, y para mí el problema es cuando no somos conscientes de estas últimas. Sin embargo, yo creo que sí que se puede aprender mucho y aún así volver a usarlo, pero sabiendo lo qué es y entendiéndolo con otra perspectiva.

¡No te vayas sin dejar un comentario!