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¿Merece la pena actualizar?

Vivimos en una era en la que todo puede actualizarse, desde el móvil hasta un termómetro. Eso es algo bueno, porque permite mejorar el funcionamiento del aparato en si y en muchos casos arreglar fallos e incluir nuevas funciones, todo esto casi siempre gratis. Es cierto también que los fabricantes y los desarrolladores de software aprovechan esta función para “jubilar” nuestros gadgets poco a poco, o incluso para no preocuparse tanto a la hora de diseñar sus productos porque saben que después podrán corregir sus fallos.

El problema está en que eso no lo podemos controlar, ya que como consumidores no podemos cambiar estas cosas. Sin embargo, en lo que respecta al usuario si podemos actuar. Hay gente que jamás ha actualizado nada en sus aparatos tecnológicos porque no sabe cómo, le da pereza o simplemente no le importa. El problema está en que esta gente a los dos años quiere comprarse un nuevo dispositivo para usar ciertas funciones que con una simple actualización puede obtener sin pagar. En el otro extremo nos encontramos con los obsesionados con las actualizaciones, que pasan más tiempo descargando las nuevas versiones de software y de las apps que disfrutando de estas. Como en todo, aquí lo mejor es el equilibrio, actualizando todo pero esperando siempre un par de días y sin que eso nos cueste un esfuerzo.

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Las ventajas de las actualizaciones son poder acceder a nuevas funciones, a mejoras, muchas veces de seguridad, lo cual ya es un motivo insuperable a favor, y a veces hacer que nuestro teléfono, tablet u ordenador sea compatible con más dispositivos. Pero también hay motivos en contra, como la posibilidad de que aparezcan nuevos fallos, algo muy habitual cuando se lanza una nueva versión de un sistema operativo, y en muchos casos el hecho de que no podamos usar el aparato durante un tiempo, aunque cada vez es menos molesto ya que estos procesos pueden realizarse en segundo plano.

En mi caso, yo reconozco que dentro de la clasificación que hice en el segundo párrafo soy más de los obsesionados, ya que me gusta tener todo el software al día y probar todo lo nuevo. Además, muchas veces me da la impresión de que estoy estrenando un nuevo producto cuando instalo la última versión de un sistema operativo o incluso a veces de una aplicación.

Dicho todo esto, mi opinión es que debemos actualizar tanto el sistema operativo como las apps de nuestros dispositivos, aunque esperando (especialmente con el S.O.) un par de días por si se descubren fallos o problemas que puedan afectarnos, y sin tampoco obsesionarse, ya que por esperar un poco a tener lo último no va a pasar nada. Simplemente, siempre que se pueda recomiendo activar las actualizaciones automáticas y el sistema esperar una semana por si acaso trae fallos.

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