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¿Demasiada potencia?

El Macintosh 128K, el primer ordenador que lanzó Apple (1984), tenía una memoria RAM de 128k (0,00012 GB) y un procesador de 8MHz (0,008 GHz). El primer iPhone, lanzado en 2007, tenía un procesador de 412 MHz y una RAM de 128MB. Pero la tecnología evoluciona muy rápido, especialmente la potencia de los componentes que dan vida a los gadgets. Y esto no es nada nuevo, puesto que un señor llamado Gordon Moore formuló en 1965 una ley según la cual cada año se duplicaba el número de transistores que formaban un procesador. Parecía algo loco, pero se ha ido cumpliendo, y en algunos momentos de la historia superando, aunque tiene un límite por cuestiones físicas.

A día de hoy, los ordenadores domésticos buenos tienen procesadores de cuatro núcleos con 3GHz cada uno y memorias RAM de 8GB, mientras que los móviles Android cargan memorias de 2GB y procesadores de varios núcleos con 2GHz. Como se puede apreciar, la evolución ha sido increíble, extendiendo las capacidades de estas máquinas. Sin embargo, se ha llegado a un punto en el que esto se ha convertido en una carrera entre fabricantes, y cada vez se va subiendo más esta cifra.

Chip

Podría sonar bien, pero el problema está en que hay un punto en el que no aprovechamos esa potencia. Las tareas diarias que realizamos con nuestros aparatos electrónicos no requieren ni un 50% de sus recursos, y solo un porcentaje muy pequeño de gente realmente aprovecha al máximo las capacidades del dispositivo en cuestión. Muchos se preguntarán la importancia de esto, pero es seria: a parte de que repercute en el precio de la tecnología, fomenta la obsolescencia, haciendo que cada dos años haya que cambiar de móvil y cada cuatro de ordenador.

También estimula a los desarrolladores de software, tanto de los sistemas operativos que llevan estas máquinas como de los programas que instalamos en ellas, a que adapten sus aplicaciones a este hardware, por lo que los gadgets más antiguos no pueden usarlos. Otro inconveniente sería que a mayor potencia, mayor consumo de energía, lo que implicaría un descenso en la autonomía de dispositivos portátiles. Pero por suerte, los fabricantes también se esfuerzan en producir aparatos más eficientes.

Por su parte, la potencia de estas máquinas ha permitido lograr avances importantes en la ciencia, así como que ha hecho posible que mucha gente, desde su propia casa y con su ordenador doméstico, pueda crear maravillosas aplicaciones y juegos o mismo producir música y películas por si mismos. Esta minoría es la que realmente aprovecha toda la potencia de sus ordenadores, que nunca se le quedará corta. No pasa igual con los móviles, que aunque cada vez puedan hacer más cosas, siguen estando injustificadas esas cifras, especialmente en Android.

¿Demasiada potencia? En mi opinión, en los teléfonos móviles sí, mientras que en los ordenadores es más tolerable. Como amante de la tecnología que soy, estoy a favor de la evolución de esta, pero creo que el ritmo de crecimiento del hardware se está excediendo. Los fabricantes deberían de preocuparse más de mejorar la calidad y fiabilidad de sus productos, así como de diseñar software más eficiente y que aproveche mejor la gran potencia que otorgan los procesadores de hoy en día.

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