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Jailbreak o root, ¿merece la pena?

Se denomina Jailbreak (literalmente: “rotura de jaula”) al proceso de suprimir algunas de las limitaciones impuestas por Apple en dispositivos que utilicen el sistema operativo iOS mediante el uso de kernels modificados.

El root de dispositivos Android es el proceso que permite a los usuarios de aparatos con el sistema operativo móvil Android obtener control privilegiado.

Así define Wikipedia el jailbreak y el root, procesos que permiten acceder al control del sistema operativo tanto en iOS como en Android, respectivamente. Es un proceso que no tiene mucha complicación, y una vez aplicado nos permite instalar aplicaciones que desbloqueen funciones capadas por el fabricante. Así, el abanico de oportunidades es muy amplio, pudiendo modificar desde el diseño de la interfaz gráfica a la potencia y velocidad del dispositivo.

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Esto suena muy bien, y es lo que invita a tanta gente a aplicárselo a sus gadgets. ¿Pero que se esconde detrás? El jailbreak (con este término no solo me refiero al de iOS, sino a todos los pirateos de este tipo) nunca ha contado con el apoyo de los fabricantes, que en las actualizaciones de software bloquean las vulnerabilidades que permitían realizarlo. Además, toman “represalias” contra los usuarios que lo hacen, como invalidar la garantía, desactivarles ciertos servicios, etc. ¿Y por qué se toman tantas molestias en frenarlo? En primer lugar, porque en muchos casos facilita la instalación de aplicaciones de pago de forma gratuita. Pero la segunda razón, y la más importante es que esta técnica, al modificar el núcleo del sistema, puede dañarlo o provocar fallos extraños. El soporte técnico de los fabricantes de móviles y tabletas está preparado y se compromete a arreglar problemas dentro del ecosistema que ellos mismos han creado. Pero si este ha sido alterado o modificado, se puede hacer mucho más difícil buscar soluciones.

CydiaY su razón la tienen. Los S.O. tienen un equilibrio que haciendo esto se rompe. Tanto el hardware como las apps están diseñadas para funcionar sobre el sistema limpio, sin modificar. Si empezamos a alterarlo, la base se tambalea. Además, supone un problema de seguridad, puesto que al tener mayor acceso a las partes sensibles del sistema, el software maligno puede aprovecharlo.

Los residuos también pueden dar dolores de cabeza, y es que mientras que las aplicaciones normales al borrarlas apenas dejan rastro, las de root o jailbreak dejan siempre huellas e incluso problemas que solo se solucionan restaurando a valores de fábrica el dispositivo. Y es que por mucho que se diga que este tipo de procesos se pueden revertir fácilmente, es solo así como realmente se puede, sin que quede “basura” en el medio.

En su tiempo estaba muy a favor de esta práctica, sobre todo porque mi antiguo móvil era bastante lento y limitado. En esos casos, o cuando nuestro dispositivo está en las últimas, es una buena opción, pero si es nuevo y potente, me parece un error, porque cada vez más los sistemas operativos nos ofrecen funciones muy interesantes sin necesidad de piratearlos. ¿Qué opináis vosotros?

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