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Cambio de Windows a Mac

Tal como os había prometido cuando escribí la entrada sobre mi nuevo iMac, iba a publicar otra entrada sobre el cambio de Windows a Mac. Existen miles de artículos en Internet y revistas sobre esto, pero bueno, yo también quiero contar mi experiencia. Tardé tanto tiempo porque todo ordenador, al primer mes, funciona genial, pero luego va bajando su velocidad, potencia… Quiero recordar antes que hay muchos rumores o tópicos sobre la plataforma de Apple que no son ciertos, y por eso aprovecharé para desmentirlos.

En mi caso, no solo se trata de un cambio de software, si no que también es un cambio de hardware, debido a dos razones: mi antiguo ordenador era muy viejo y lentísimo (usase Windows o Linux) y era de torre, como la gran mayoría de los comercializados con el sistema de Microsoft. En mi nuevo caso, tiene un procesador, memoria, disco duro, etc. muchísimo mejor, y en vez de ser de torre es un todo en uno, es decir, pantalla y componentes internos están en una sola pieza. Eso ya marca una gran diferencia. Pero el sistema operativo también tiene su importancia, y OS X deja el listón muy alto.

Mountain-Lion

Ya desde el primer arranque, se ve que la firma de la manzana está esforzándose mucho para que la experiencia de uso de iOS y Mac sea lo más parecida posible. El asistente de bienvenida tiene un diseño y lógica igual al del iPhone o iPad, y te permite iniciar sesión con tu cuenta de Apple para usar servicios como FaceTime, iTunes, iCloud… Esto se agradece, ya que estos servicios vienen integrados con el sistema. Una vez con el escritorio delante, la sencillez y el minimalismo se nota. Un fondo de pantalla, la barra de menú arriba y el dock abajo. Si abres algunos de los programas que vienen instalados, verás que el diseño está muy cuidado, y sigue la regla del skewmorph.

Skewmorph

Pero con las aplicaciones que vienen por defecto a muchos no nos llegan, por lo que tenemos que instalar más. Ahí me gusta mucho como se hace en OS X, ya que en Windows tienes que usar instaladores que, en muchos casos, te meten “basura” en tu PC. Aquí, en Mac, hay tres formas. La más sencilla, desde el Mac App Store, es tan simple como buscar el nombre del programa que quieres, bien sea escribiendo su nombre o viendo la lista de más descargados. Una vez que pulses el botón “Descargar”, escribe  la contraseña de tu ID de Apple y ya no tienes que hacer nada más. Sin embargo, la más común, también sencillísima, es bajarse la app en cuestión desde la web del desarrollador en un archivo .dmg. Luego solo hay que abrirlo y arrastrar el programa hasta la carpeta “Aplicaciones”, y queda lista para usarse. La última, usada con programas complejos, como controladores, es descargar un archivo .pkg, que luego hay que abrir y darle a “Siguiente”, al estilo Windows, a diferencia de que se te pedirá la contraseña del ordenador.

Ya tenemos nuestro software favorito instalado… o casi. Hay ciertos programas especializados que no han adaptado al sistema operativo de Apple. ¿Qué hacer en esas situaciones? Aunque puedas usar apps como Wine o Crossover (originalmente hechas para Linux), no lo recomiendo porque a parte de generar muchos archivos que colapsan el ordenador, la experiencia de uso es penosa. ¿Qué hacer entonces? Instalar Windows. Es la única solución. Aunque próximamente hablaré de eso más detenidamente, explico ahora brevemente: puedes instalarlo nativamente, es decir, en una partición en el disco duro, usando BootCamp, o en una máquina virtual, solución más efectiva y sencilla. Después, hay que tener en cuenta que aunque muchas aplicaciones estén disponibles en OS X, no funcionan tan bien como en Windows, teniendo algunos fallos en funcionamiento y diseño.

La seguridad, un tema muy importante, es bastante confuso. Según Apple y los mitos, no hay virus para Mac. MENTIRA. Sí que hay, pero debido a numerosas razones (menor cuota de mercado, menos vulnerabilidades…), hay menos. Además, debido a las medidas de seguridad heredadas de UNIX, como los permisos de usuario, no pueden entrar tan fácilmente como en Windows. Ahora viene la pregunta: ¿hace falta un antivirus?. Pues sí, pero con uno gratis llega perfectamente. En el Mac App Store hay uno muy bueno llamado BitDefender Virus Scanner, que no funciona en segundo plano, si no que solo sirve para analizar archivos. De esta forma, cada vez que bajemos un programa de Internet, es tan sencillo como analizarlo (bien sea en .dmg o en .pkg), para evitar sustos. Haciendo esto e instalando las actualizaciones de seguridad o del sistema que proporciona Apple, estarás más que protegido.

La compatibilidad es otro mito que hay en esta plataforma. Ya hablé antes de la del software, pero la del hardware también da lugar a muchos rumores. Al revés de lo que todo el mundo piensa, Mac se “lleva genial” con todo tipo de dispositivos, sean impresoras, cámaras, móviles o lo que sea. Yo tuve problemas con mi antigua impresora, pero si la tuya tiene menos de 5 años no debería de tener problema.

A parte de todas estas cosas, hay un cambio de “mentalidad” muy importante. En el cambio de Windows a Mac hay cosas que vas aprendiendo con el tiempo. Por ejemplo, cuando cierras algunas aplicaciones, siguen abiertas en segundo plano (se ve con un punto debajo del icono en el dock), teniendo que cerrarlas. Debido a que, tal como presume Apple, el software y el hardware lo diseñan la misma empresa, la integración es buenísima, y eso se nota en la velocidad del sistema, y en la posibilidad de controlar factores como el brillo, disco de arranque… desde Preferencias del Sistema (Panel de Control en Windows), en vez de entrando en configuraciones extrañas. El cambio es muy grande, pero lo llevaba deseando mucho tiempo y ahora que lo he conseguido, estoy muy contento con Mac.

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